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Braza para el corazón: Natación y problemas cardiovasculares

Nadando para mejorar el corazón

El ejercicio basado en la natación es muy recomendable en personas con problemas cardiovasculares. Dentro de los distintos estilos, la braza es el que más beneficia al cardiópata siempre que sea realizado dentro de sus limitaciones. No obstante, la natación debe practicarse de forma regular para que se puedan mantener los efectos positivos de su práctica.

Según explica Araceli Boraita, jefe de Servicio de Cardiología del Consejo Superior de Deportes, la natación está recomendada en pacientes con problemas cardiovasculares al ser un deporte dinámico. Este tipo de ejercicios dinámicos se caracterizan porque en ellos se mueven grandes masas musculares, se realizan de forma prolongada y se utiliza el metabolismo aeróbico, basado en el aporte de oxígeno inhalado mediante la respiración para la obtención de la energía, a diferencia del metabolismo anaeróbico.

El paciente debe conocer la patología que padece y conocer las limitaciones que implica su cardiopatía antes de iniciar un programa de entrenamiento basado en la natación o cualquier otro deporte aeróbico. Para ello, debe someterse a un reconocimiento cardiológico previo con el fin de conocer su límite, ya que el ejercicio debe realizarse dentro de una banda de seguridad, que no debe superar en ningún momento el 85 por ciento de la frecuencia cardíaca máxima.

Lo importante es la técnica

En natación, advierte la especialista, se debe vigilar especialmente la técnica, porque si no se coordinan bien los ejercicios respiratorios con los movimientos de cada estilo, el ejercicio puede no aportar los beneficios perseguidos. Además, es recomendable que el ejercicio realizado por el paciente esté supervisado, por lo que es mejor nadar en piscinas donde haya monitores cualificados. El cardiópata nunca debe nadar en lagos ni mar adentro, ni hacerlo en solitario o acompañado por gente inexperta.

Cuando hace mucho calor, el paciente con problemas cardiovasculares debe ser especialmente cuidadoso, ya que es especialmente sensible a los cambios bruscos de temperatura. Suelen estar medicados con fármacos vasoactivos, muchos de ellos vasodilatadores. A los efectos de estos medicamentos se añaden los de las altas temperaturas externas del verano que producen vasodilatación, por lo que al entrar en agua fría el efecto es el contrario y pueden aparecer complicaciones serias.

Por ello, debe realizarse un calentamiento previo y un enfriamiento posterior, más prolongado que en el resto de los deportistas, ya que los mecanismos de adaptación tardan mucho más en ponerse en marcha en este tipo de pacientes.

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Braza, el estilo del corazón

En cuanto a las modalidades más recomendadas para estas personas, Araceli Boraita aconseja que cada cual nade con el estilo que le resulte más cómodo y en el que domine mejor la técnica. No obstante la especialidad más aconsejable es la braza, ya que en ella se mueve un mayor número de músculos. La mariposa es el estilo menos recomendable, al ser el de mayor dureza y el que exige mayor técnica.

 Se recomienda nadar cinco veces a la semana entre 20 y 40 minutos.

Los resultados

A las cuatro semanas de comenzar el programa de entrenamiento, el cardiópata empezará a notar los beneficios, ya que disminuye la tensión arterial y la frecuencia cardíaca, con lo que se puede realizar el mismo ejercicio con un gasto menor. Transcurridas 12 semanas, se consigue la máxima adaptación a la intensidad a que se viene realizando el ejercicio, por lo que se puede ir empezando a aumentar el ritmo.

No obstante, para mantener los beneficios de la natación el entrenamiento no debe interrumpirse ni abandonarse. A las cuatro semanas de abandonar el ejercicio el paciente sólo mantiene entre el 30 y el 40 por ciento de lo que había conseguido, y a las ocho semanas vuelve a estar tal y como empezó.

 

 Miguel Castillo, para i-Natación

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